Crystal Fighters llena de adrenalina Valencia

Se hicieron de rogar casi media hora, pero valió la pena. El pasado sábado Crystal Fighters pasó por Valencia para llenarla de música, color y sobretodo energía, mucha energía. Con una auténtica descarga de adrenalina el grupo británico presentó su última obra y la más personal hasta el momento, Everything is My Family, editado de nuevo por su propio sello (Zirkulo).

El concierto fue, en esencia, una reivindicación del derecho a la diversión y a pasárselo bien. Disfrutó, saltó y sonrió todo el mundo y todo el tiempo, a pesar de ser una fría noche de diciembre. Nadie hubiera pensado que un grupo pudiera popularizar con éxito música acompañada con txalapartas y otros instrumentos tradicionales del País Vasco, igual que tampoco considerábamos que pudieran conectar ese sonido ancestral con el espíritu techno de canciones como ‘I love London’.

El prólogo estuvo a cargo de El Guincho, una de las discografías más interesantes hechas con base en España según Valencia Plaza. Pero muy a su pesar -y al nuestro-, las canciones de Pablo Díaz y sus tres acompañantes no lograron llegar a un público que accedía al recinto según se acercaba el plato principal. Tal y como empezó acabó.

Luego vino la aparición de los txalapartis y hermanos Felipe e Imanol Ugarte, cuya interpretación fue aplaudida y abucheada a partes iguales debido a la impaciencia palpable entre los asistentes. Cabe decir que su historia como músicos es bien interesante.

A partir de ahí, Crystal Fighters puso fin a la larga espera y repasaron sus grandes hits. Uno tras otro, sin concesiones y con un sonido impecable. Esto demostró que si alguna vez ha habido conciertos con problemas de sonido en Feria Valencia no es por el espacio. Al menos no por el pabellón 8, que el sábado acogió cerca de 1.500 personas para disfrutar de la puesta de largo de Everything is My Family.

No se guardaron ninguno de los cartuchos de Star of Love, su primer álbum: ‘Follow’, ‘At home’, ‘Plage’ o ‘Solar System’, ni tampoco del segundo, Cave Rave‘Wave’, ‘Love Natural’, ‘LA Calling’, ‘Bridge of Bones’. Resaltaron, sobretodo, las canciones del nuevo disco (‘All night’, ‘Good girls’, ‘Lay Low’ o ‘Yellow sun’), que fueron acogidas como a uno más de la familia. Sonaron redondas por la producción de directo, redondas y con una identidad propia surgida de la voz de Sebastian Pringle, de los ya nombrados instrumentos del País Vasco y del toque de beat que cualquier grupo necesita en pleno boom internacional de los macrofestivales de música.

La sensación en todas estas escenas es la de asistir a una fiesta constante. Una fiesta que tuvo un momento de receso para que todo el público ‘se diera la paz’, se abrazara y se diera la mano. Una fiesta en la que se siguió recordando la inesperada muerte de su batería Andrea Marongiu por un fallo cardíaco a mitad de gira en 2014, que ha sido la gran inspiración de este último álbum. Una fiesta en la que se respiraba euforia y calidez al mismo tiempo. Una fiesta en familia.

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